Aunque muchos piensen lo contrario, el ejercicio del voyerismo no tiene víctimas. Para ejercer esa dulce perversión, del otro lado de la ventana se requiere de un cómplice, de otro actor que deje que sean vulnerados con la mirada pliegues del cuerpo, alguna tira de lencería, o –con mucha suerte- la silueta de alguna montaña púbica.Ese ejercicio requiere de paciencia, de gusto depurado, y –en sus versiones más exquisitas- de una inmensa de dosis de literatura. La fotografía de Martín Castillo Morales reúne estas condiciones. Martín Castillo Morales es, sin duda, un voyerista. Y sus fotografías son excelentes ventanas de complicidad. Ser voyer no debe ser tan malo.

2 comentarios:
¡Muchas gracias muchachones!
Los quiero (modelo incluida)
Cuidado con la edad de cristo!
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